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Para que el cielo invada la Tierra

giselleAl enterarme de algunos detalles de la historia de “Gise” —como sus amigos y amigas llaman a Giselle Tellerín— en África, inmediatamente recordé fragmentos de la exitosa película África mía (Out of Africa) que en 1985 protagonizaran Meryl Streep y Robert Redford. También aparecieron, pero como manchones oscuros, aquellas imágenes no tan románticas de tantas guerras fratricidas en ese territorio. Pero, de una manera superadora, recordé historias de hombres y mujeres fieles que dejaron todo y dieron más allá de sus fuerzas por la causa de Cristo en ese Continente. Ahí aparecieron: David Livingstone, Albert Schweizer, Robert Moffat, los Vallejos, y tantos otros que estuvieron o aún están en actividad allí, que los memoriosos podrían enlistar para honrarlos.

Un poco de historia de África

“A fines del siglo XIX las potencias coloniales europeas se reunieron, en Berlín, para repartirse el África. —Escribe Eduardo Galeano en su obra Los hijos de los días—. Fue larga y dura la pelea por el botín colonial, las selvas, los ríos, las montañas, los suelos, los subsuelos; hasta que las nuevas fronteras fueron dibujadas”. Los colonizadores ya habían puesto sus ojos sobre “el oro, los diamantes, el marfil, el petróleo, el caucho, el estaño, el cacao, el café [y] el aceite de palma (…) Así Europa inventó el nuevo mapa del África. Ningún africano estuvo, ni de adorno, en esa reunión cumbre”.

La historia de “Gise”.

Pero, una potente y siempre cautivante llamada desde África continúa irradiándose a todo el mundo. También llega a algunos argentinos. Así es el caso de Gise. Radicada con su familia en el barrio Don Orione, partido de Almirante Brown, Buenos Aires, vivió el empeño que, como iglesia (Cristo para Todos) y como familia, se ponía para ganar al barrio para Jesús. Ahí comprendió la importancia de llevar el Evangelio a quienes no conocen acerca de Jesús.

Desde pequeña soñaba con viajar a cualquier parte del mundo. Y al leer ávidamente historias de misioneros se imaginaba participante de sus intrépidas aventuras. Así, mientras crecía, África comenzó a cautivar cada vez más la atención de esta joven. Finalizada la escuela secundaria, y una vez completado el curso de ingreso a la Facultad de Medicina, oró fervientemente para que Dios le indicara qué hacer con su tiempo libre hasta el inicio formal de la carrera.

“Casualmente, nuestro pastor Luis Juárez, nos habló acerca del ministerio de Mercy Ships (Naves de Esperanza), una ONG cristiana con un barco hospital que lleva atención sanitaria y el Evangelio a países de África Occidental. Su tripulación está compuesta por voluntarios de más de 38 nacionalidades” —relata Giselle.

¿Qué es Mercy Ships?

Todo empezó en 1964 con el sueño de un joven de 19 años en un viaje de JuCUM. Don Stephens, de Colorado, EUA, salió hacia el Caribe con un grupo de jóvenes en un programa llamado “Verano de Servicio”. Un huracán los sorprendió en el avión hacia las Bahamas. Ellos oraban por los isleños, quienes habrían perdido todo, algunos hasta su vida. Al ver la destrucción, alguien dijo: “¿No sería maravilloso si hubiera un barco con médicos y enfermeras que pudiera venir después de un desastre así…?”. La pregunta quedó resonando en el corazón de Stephens.

Años más tarde, en Suiza, la idea del barco hospital empezó a latir más fuerte en aquel joven. Involucrado en JuCum en Europa, y casado con una enfermera, seguía con su sueño. Allí nació su tercer hijo, con discapacidad. Amorosamente pensó qué sería de personas que viven su misma situación, pero sin recursos ni esperanza, y en países en desarrollo. 

Viajando por la India conoció a la Madre Teresa, de Calcuta, quien le dijo: “Tu hijo va a ayudarte en este viaje, al volverte los ojos, oídos, boca y manos para quienes no tienen”. Ahí sintió la claridad de su llamado. 

Stephens tomó contacto con una empresa de barcos en Suiza. Consiguió un préstamo, y compró a precio increíble un barco perfecto para su sueño. Luego de cuatro años, el crucero fue transformado en hospital. En 1982, el Anastasis navegó por primera vez.

De esta manera surgió Mercy Ships, con gente que soñó grande y lejos como para creer que Dios ama al mundo, puede movilizar barcos y personas, materiales y dinero, tiempo y esfuerzo para alcanzar con salud y futuro a los más necesitados.

Y el sueño se hizo realidad. Primero el Anastasis, luego el Caribean Mercy, y hoy elAfrica Mercy.

Ya Mercy Ships ha llevado el amor de Jesús, atención médica y esperanza a más de cincuenta países en desarrollo en el Caribe y África Occidental. Miles de vidas transformadas no solo con cirugías, sino también con el mensaje de Jesús, quien hizo posible este sueño.

Amor a primera vista

Volvamos a Giselle. Al recorrer ansiosa la web de Mercy Ships, se “enamoró” de lo que vio. Hasta se animó casi a suplicar al Señor que le permitiera vivir esa experiencia. Y su sueño iba creciendo.

“Cuando empecé a pensar más en serio en el proyecto —cuenta Gise— comprendí que era todo un desafío: viajar sola, dejar a mi familia por varios meses, afrontar los costos de semejante odisea…”.

Pero, aún con dudas, cerró los ojos y se presentó en ese ministerio para ir como voluntaria en el Africa Mercy. No fue fácil ingresar; ya no quedaba lugar, solo había una larga lista de espera…

El sueño hecho realidad
La sorpresa llegó en agosto de 2013. Mediante un correo electrónico, Mercy Ships le ofrecía un puesto en el barco ¡por tres meses!

“Creyéndole al Todopoderoso acepté el ofrecimiento, aun sin contar con el dinero para los pasajes —narra con picardía—. A partir de ese momento, amigos y familiares se involucraron en el proyecto, y el dinero apareció… Incluso, el Señor se ocupó por la tranquilidad de mi familia, ya que nos resultaba tremendamente difícil separarnos”.

Y, el 2 de noviembre de 2013, ya estaba en el aeropuerto embarcando rumbo a la República del Congo. ¡¡¡El sueño imposible se hizo realidad!!!

Ya en el Congo
“Pasé tres meses como voluntaria a bordo del Africa Mercy, amarrado en el puerto de la ciudad de Pointe Noire, República del Congo. El servicio es maravilloso porque, además de brindar cuidado médico y de calidad —como cirugías ortopédicas, cirugías plásticas de reconstrucción, de cataratas, de fístula obstétrica y otras—, en el barco se capacitan profesionales locales para mejorar el sistema de salud de la nación”.

Todo por la causa
“A bordo conocí personas que, con un corazón sincero, no escatimaron esfuerzos dejando de lado proyectos y comodidades en sus países con el propósito de llevar amor al prójimo. Son médicos, enfermeras, marineros, mecánicos, profesores, personal de limpieza, traductores, cocineros y otros. Sus historias de vida transformaron la mía; gente que verdaderamente da todo por Jesús”.

Tiempo libre con propósito
“En nuestro tiempo libre, el ministerio se seguía llevando adelante igual: jugábamos en los hogares de niños, orábamos en la cárcel, visitábamos a las Hermanas Costureras (un ministerio hacia mujeres rescatadas de la calle a quienes se les enseña a coser). Además, podíamos participar observando cirugías, o colaborando en la clínica dental y oftalmológica, o visitando a pacientes en el hospital y en el centro de rehabilitación posoperatorio”–cuenta Giselle muy entusiasmada.

“También visitamos el Centro de Agricultura de Mercy Ships, en la ciudad de Dolisie. Allí se enseña a plantar y producir alimentos a personas que trabajan con distintas ONG del país, preparándolos para liderar una transformación, y originar no solo una mejora en la economía de sus comunidades, sino también un desarrollo espiritual con el mensaje del Evangelio”.

El amor que transforma
Interactuar con los pacientes fue una de las cosas que más la impactó. Generalmente, por la enfermedad, estas son personas marginadas casi toda su vida. Pero hoy sienten que hay un Dios que las ama y que otros seres humanos también.

“Recorrer el hospital es una experiencia sorprendente —comenta Giselle mientras se nota un brillo especial en sus ojos—. Observar la sonrisa franca de personas transformadas de  ‘adentro hacia afuera’, es apasionante. Porque no solo reciben una cirugía que cambia sus cuerpos, sino que conocen al Señor que puede darles esperanza de vida”.

Cuando el cielo invade la Tierra 
Los domingos por la mañana el hospital del Africa Mercy se transforma. El alegre retumbar de los tambores colma cada rincón de la sala acondicionada con sillas. Y los pacientes empiezan a llegar, algunos en pijama, otros con muletas o vendados, también aquellos que aunque casi no pueden moverse, “bailan” con el corazón. Y no faltan las mamás —con sus típicos atuendos de colores— trasladando a sus bebés en la espalda.

“Sentí —dice Gise— que el cielo invadía la Tierra cuando, en francés y al ritmo de la música, personas de muchas lenguas y nacionalidades se unían para alabar al Único Dios: ‘Que la sangre de Jesús queme en mí, queme en mí, queme en mí…’,cantaban. Ahí percibí el gozo de vidas transformadas, ese gozo que supera el dolor de las cirugías y las curaciones. Y la Presencia de Dios se hizo manifiesta en ese lugar tan particular. Por supuesto, se me llenaron los ojos de lágrimas…”.

Conclusión
“Quizás, algún día, si el Señor lo permite, vuelva a esa África tan bonita aunque tan sufrida —reflexiona Gisell—. Creo que me enamoré de su gente, de las sonrisas, de los ojos negros brillantes, de las caritas llenas de esperanza.

“Percibir los milagros de Dios en la vida de esas personas, verdaderamente transformó la mía. Darme cuenta de la urgencia de predicar el Evangelio y, a su vez, mejorar la calidad de vida de la gente, cambió mi forma de ver las cosas”.

“Mi sueño hoy es vivir para hacer la voluntad de Aquel que pone sus sueños en nuestros corazones, y llevar su amor a quienes nunca fueron amados. Quiero vivir para que el cielo invada la Tierra”.

Roberto Martín
Redacción Expositor Bautista

 

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