Secretaria Ejecutiva

Cristo ha abierto un camino nuevo y vivo al Padre

“Dios tiene dos tronos. Uno en lo más alto de los cielos y otro en el más humilde de los corazones.”

Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos. Isaías 53.3 (NVI)

Si supiéramos lo que Cristo quiere ser para nosotros, deberíamos conocerle en primer lugar como nuestro Salvador del pecado. Cuando el ángel bajó del cielo para proclamar que Él iba a nacer en el mundo, usted recuerda que dio su nombre: “Llamarás su nombre Jesús, (Salvador), porque Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). ¿HEMOS SIDO LIBRADOS DEL PECADO? Él no vino a salvarnos en nuestros pecados, sino de nuestros pecados.

Ahora bien, hay tres maneras de conocer a un hombre. Usted conoce a algunos hombres sólo de oídas; a otros meramente los conoce por haber sido presentado a ellos alguna vez -los conoce muy superficialmente; por otra parte a otros los conoce por haber estado familiarizado con ellos durante años -los conoce íntimamente. De igual manera creo que actualmente hay tres clases de personas en la Iglesia cristiana y fuera de ella: aquellos que conocen a Cristo sólo por leer o de oídas -los que tienen un Cristo de la historia; aquellos que tienen un leve trato personal con Él; y aquellos que tienen sed, como Pablo, para “conocerle, y la virtud de su resurrección” (Filipenses 3:10). Cuanto más conozcamos de Cristo más lo amaremos, y mejor le serviremos.

Mirémosle cuando cuelga sobre la Cruz, y veamos cómo ha quitado el pecado. Él había manifestado que Él podía quitar nuestros pecados; y si realmente le conocemos, debemos verle en primer lugar como nuestro Salvador del pecado. Recuerde lo que dijeron los ángeles a los pastores en las praderas de Belén:

“He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:10-11).

Luego, si retrocede completamente a Isaías, setecientos años antes del nacimiento de Cristo, usted encontrará estas palabras:

“Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve” (43:11).

Además, en la Primera Epístola de Juan (4:14) leemos:

“Nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo.”

Podemos leer como todas las religiones paganas enseñan a los hombres a forjar su camino hasta Dios; pero la religión de Jesucristo es Dios descendiendo hasta los hombres para salvarlos, para levantarlos y sacarlos del pozo del pecado. En Lucas 19:10 leemos lo que Cristo mismo dijo al pueblo que Él vino a hacer:

“El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Así que tenemos nuestro comienzo desde la Cruz, no desde la cuna. Cristo ha abierto un camino nuevo y vivo al Padre. Él ha quitado todos los obstáculos del camino, para que todo el que acepte a Cristo como su Salvador pueda tener la salvación.

 

Dwight Moody (1837-1889)

Confeba
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Las Iglesias Evangélicas Bautistas, que desde el año mil novecientos ocho actúan en la organización denominada “Convención Evangélica Bautista Argentina” en el deseo de continuar sus actividades ampliándolas y consolidándolas, constituyen desde la fecha entre ellas esta Asociación fijando su domicilio legal en la ciudad de Buenos Aires, sin perjuicio de las dependencias que se podrán establecer en cualquier punto de la República y en el Extranjero.