Secretaria Ejecutiva

El derecho de los padres a educar a sus hijos_Carta de CEB a la Cancillería

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 28 de noviembre de 2017

 

Al Señor

Ministro de Relaciones Exteriores y Culto

de la República Argentina

Embajador Jorge Marcelo FAURIE

S                          /                           D

 

Ref.: 72ª Sesión de Naciones Unidas – Documento A/C./72/L.21/Rev.1

 

Me es muy grato dirigirme al señor Ministro de Relaciones Exteriores y culto de la República Argentina, en nombre de la Confederación Evangélica Bautista, institución religiosa presente en el país desde el año 1881, con una larga trayectoria de trabajo esforzado por nuestro país, y de lucha por los derechos civiles y la igualdad religiosa.

Reconocemos la valiosa tarea desarrollada por ese Ministerio en lo atinente al nuevo rol y posicionamiento que en la actualidad está recuperando nuestro país en el plano internacional, sin embargo nos permitimos hacerle llegar nuestra disconformidad por el desempeño de nuestra delegación oficial en la Sesión de Naciones Unidas (Tercera Comisión) mencionada en la referencia, celebrada en la ciudad de Nueva York el pasado 13 de noviembre de corriente año y particularmente respecto del debate que se originara en dicha sede internacional en relación con el Documento nombrado.

Reza textualmente el párrafo 36 (k) del documento motivo de la presente respecto de los estados: “Aceleren los esfuerzos encaminados a aumentar la educación general, adecuada a la edad, científicamente exacta y pertinente a los contextos culturales, que proporcione a los adolescentes y las adolescentes, y a las mujeres y los hombres jóvenes, dentro y fuera de la escuela, en consonancia con la evolución de sus capacidades, información sobre la salud sexual y reproductiva, la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer, los derechos humanos, el desarrollo físico, psicológico y puberal y el poder en las relaciones entre hombres y mujeres, para que puedan desarrollar habilidades en relación con su autoestima, la adopción de decisiones informadas, la comunicación y la reducción de los riesgos y desarrollar relaciones respetuosas, en plena colaboración con los jóvenes, los padres, los tutores, los cuidadores, los educadores y los proveedores de atención de la salud para protegerlos de la violencia”.

No obstante, en su versión original el Documento relegaba el rol de los padres respecto de la educación sexual de los hijos, y no se advirtió en el tratamiento del plexo documental que nuestra Delegación haya defendido los valores que gran parte del pueblo argentino sostienen respecto de la centralidad de la familia como formadora integral de nuestros hijos, y del eje vital de la responsabilidad parental que otorga el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación a los progenitores.

En efecto nuestro país fue modelado a la luz de la tradición judeo-cristiana. Dentro de dicha cosmovisión la familia y la educación tienen una relevancia especial. No solo la gran mayoría de los habitantes de nuestro país manifiestan tener valores cristianos en su cosmovisión de fe, sino además nuestro derecho abrevó de dicha tradición y particularmente del derecho romano y español, los cuales hacían reposar la educación de los niños en los padres y el eje familiar.

En ese sentido, desde la Confederación Evangélica Bautista Argentina reconocemos y ratificamos el derecho que la ley argentina le asegura a los padres respecto a la educación de sus hijos. Es un derecho que no puede ser disminuido, menoscabado o modificado por las leyes que reglamenten su ejercicio. Los padres pueden elegir e impartir a sus hijos la formación religiosa que consideren de acuerdo con sus propias convicciones. Forma parte del derecho a la libertad religiosa y de las facultades inherentes al ejercicio de la patria potestad, cuya finalidad – según nuestra ley civil – es la “formación integral” y la “protección” de los hijos. En efecto, el nuevo Código Civil y Comercial de la República Argentina, en su artículo 638 habla de la responsabilidad parental y establece concretamente que: “La responsabilidad parental es el conjunto de deberes y derechos que corresponden a los progenitores sobre la persona y bienes del hijo, para su protección, desarrollo y formación integral mientras sea menor de edad y no se haya emancipado”.

Con fundamentación previa y mayor raigambre legal a partir de la Reforma Constitucional de 1994, nuestra Carta Magna dispone en el artículo 75, inc. 22, elevarel rango de los Tratados Internacionales que nuestro país ratifique a nivel constitucional.

La «Convención sobre los Derechos del Niño», de rango constitucional por imperio del artículo mencionado establece que: “Los Estados Partes reconocen el derecho de todo niño a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social. A los padres u otras personas encargadas del niño les incumbe la responsabilidad primordial de proporcionar, dentro de sus posibilidades y medios económicos, las condiciones de vida que sean necesarias para el desarrollo del niño…”. Asimismo, la «Declaración Universal de Derechos Humanos», también ratificada por nuestro país, sentencia en su artículo 26, inc.3: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”.

Ambas declaraciones internacionales precisan que el derecho de los padres a educar a sus hijos no puede ser manipulado o restringido por los estados. Por otra parte, nuestra doctrina estableció a lo largo del tiempo con algunos matices que no se agota el deber de los padres en la satisfacción de las necesidades materiales, sino que alcanza al cumplimiento de deberes de índole moral y espiritual, dentro de los cuales está sin duda la educación de los hijos.

Efectivamente, un hijo no es sólo una criatura, es persona humana y en él se produce una profunda imbricación entre procreación y educación, desarrollo y orientación, hasta el punto de que la educación puede ser considerada una prolongación o complemento de la obra generativa. Todo niño tiene derecho a la educación necesaria para poder desarrollar sus capacidades; y a este derecho de los hijos corresponde el derecho y el deber de los padres a educarlos. Por otra parte, le cabe al estado no intervenir, delimitar o coartar dicho derecho.

En definitiva, el estado debe salvaguardar la libertad de las familias, de modo que éstas puedan elegir con absoluta libertad la escuela o los centros formativos más convenientes según su visión, si bien el estado debe asegurar tal acceso esto no es óbice para que dicha intervención choque con los principios y valores que los padres en el seno de la familia y haciendo uso de su derecho natural y legal deseen enseñar a sus hijos. Reiteramos tal intervención estatal no puede ni debe chocar con la legítima pretensión de los padres de educar a sus propios hijos en consonancia con los ideales que ellos sostienen y practican como forma de vida.

La ley se encarga de proteger la libertad de los alumnos (niños), el derecho a que no se deforme su personalidad y no se anulen sus aptitudes naturales, el derecho a recibir una formación conforme a los valores familiares y de nuestra herencia como país que invoca a Dios como fuente de toda razón y justicia, sin menospreciar capacidades y fomentando un sano espíritu crítico en ellos.

Es por lo expuesto que toda norma que busque limitar o afectar el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a su cosmovisión y valores o busque parcializar el derecho de los niños es contrario al derecho natural y a nuestro marco legal vigente, situaciones que el Estado Nacional debe considerar especialmente.

Sin otro particular y quedando a su disposición para cualquier aclaración que el señor Ministro estime conveniente, le saludo con mi más distinguida consideración.

 

                                                                  __________________________

                                                                           Lic. Carlos Pauer

                                                                      Secretario Ejecutivo

         Confederación Evangélica Bautista

Mario Fernandez
Dir. Misiones Nacionales